¿Qué podemos hacer nosotros?

En los países industrializados, donde todo es derroche y opulencia, existe un verdadero problema originado por las grandes concentraciones urbanas; Nos referimos a la contaminación lumínica o polución luminosa. Las naciones del primer mundo, ignoran (o eso parece) a todas las voces que se alzan pidiendo una solución a este nuevo tipo de contaminación que no beneficia a nadie y si perjudica a muchos. Si bien se están tomando medidas y estableciendo unos máximos permisibles de estas emisiones de luz, no es una cuestión que parezca vaya a solucionarse por lo menos en un plazo razonable de tiempo.

Nuestro mejor aliado es la protesta, debemos concienciarnos y concienciar a todo el mundo que una mala gestión del alumbrado, no sólo nos impedirá observar el cielo con claridad, sino que esta mala optimización de recursos, nos perjudica a todos ya que estamos desperdiciando fondos del sistema público y por tanto esos fondos que todos pagamos, deben ser optimizados para su utilización en otros bienes de derecho común.

La solución en más sencilla de lo que parece, hay que fabricar sistemas de alumbrado que economicen las emisiones lumínicas y que aprovechen al máximo su poder de iluminación. Por otra parte, los gobiernos y demás instituciones que deban intervenir en la consecución de una ley que regule estas emisiones, deben trabajar en un patrón común que beneficie a todos por igual y que sepa valorar realmente la importancia de este problema.