La contaminación lumínica es un problema que nos afecta a todos y no sólo a aquellos que gusten de admirar las maravillas que el cosmos les ofrece desde las ya de por sí limitadas posibilidades de sus telescopios, prismáticos o la simple vista.
La contaminación lumínica es sinónimo de desperdicio energético e irresponsabilidad administrativa. Desde los gobiernos, se nos acusa a los ciudadanos de falta de concienciación en la correcta utilización de los recursos energéticos, cuando la realidad [que a veces supera a la ficción] es que son estos y sólo estos, los responsables directos de la mala gestión de, entre otras cosas, los alumbrados públicos.
Desde esta Web protestamos contra este problema: Asumimos que existen soluciones pero también existe falta de voluntad y evidentemente, mientras haya una falta de voluntad, no existirán soluciones.
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